Una fuerza que habita en muchas: Descolonizadora

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Encuentro con Rocío y su proyecto Desolonizadora

Acompañanos 🙂

Por Celeste Camacho

 

Descolonizadora no soy yo, es una fuerza, es la fuerza de muchas mujeres en muchos territorios, es la fuerza de las abuelas, es la memoria insurgente de la tierra.

 

“Descolonizadora no soy yo —es una fuerza”, dice Rocío, y en su voz se percibe la presencia de algo que la trasciende. Habla despacio, como quien sostiene una palabra viva entre las manos. Lo que comenzó siendo una búsqueda personal, un proceso íntimo de sanación y expresión a través del arte, se fue transformando en una trama de vínculos, lenguajes y memorias compartidas.

Descolonizadora nació como un proyecto que fue apareciendo entre imágenes, talleres, redes pedagógicas, cooperativas y conversaciones donde se tejieron muchas preguntas: ¿qué significa sanar una herida colonial?, ¿qué memorias habitan nuestros cuerpos?, ¿cómo desarmar los discursos que siguen separándonos de la tierra, de lxs otrxs, de nosotras mismas?

Rocío, comunicadora, artista y madre, cuenta que el proceso empezó cuando se reconoció, cuando puedo hacer un profundo miramiento. Las imágenes que empezó a crear eran una forma de curarse, de volver a habitar el cuerpo y el territorio desde otros lugares. “Al principio las hacía solo para mí, pero de pronto empezaron a circular, y con ellas aparecieron personas que se sintieron llamadas. Ahí entendí que Descolonizadora no era un proyecto individual, sino una fuerza colectiva que ya estaba en movimiento.”

Una trama de redes, oficios y memorias

Con el tiempo, Descolonizadora se fue nutriendo de distintas alianzas. Rocío trabajó junto a la cooperativa gráfica Alternativa Marginal, con la Red Pedagógica Abejar —que promueve una educación transterritorial— y con múltiples espacios artísticos y comunitarios que apuestan por una mirada situada del conocimiento.

“Descolonizadora es eso: una trama. No tiene forma fija. Habita los encuentros, los talleres, los materiales que hacemos circular. Es un proceso vivo que se va transformando todo el tiempo”, comparte Rocío.

Desde esa perspectiva, la descolonización no aparece como un discurso abstracto sino como una práctica cotidiana, corporal y sensible. Descolonizar es revisar lo que heredamos, preguntarnos desde dónde miramos, con qué lenguajes nombramos el mundo. “La colonización no solo nos arrebató territorios —dice Rocío—, también palabras y formas. Entonces, descolonizar es volver a sentir, a imaginar, a recordar juntas.”

Descolonizar el territorio digital

En los últimos años, Rocío comenzó a reflexionar sobre la relación entre tecnología, imagen y poder. “Durante mucho tiempo fui anti-tecnología —confiesa—, porque veía en las pantallas una prolongación del sistema colonial: un lugar de consumo, de vigilancia, de cuerpos hegemónicos.”

Pero algo cambió cuando empezó a pensar el territorio digital como otro espacio de disputa simbólica. “Nos damos cuenta de que la colonización también vive en los algoritmos. La inteligencia artificial, por ejemplo, reproduce la estética del norte global: los cuerpos blancos, las proporciones hegemónicas, los paisajes europeos. Incluso cuando uno intenta hacer algo diferente, la máquina te devuelve lo mismo. Ahí hay una batalla enorme.”

Esa toma de conciencia la llevó a buscar nuevas estrategias: usar las herramientas digitales como medios de creación, pero sin perder el horizonte crítico. En lugar de rechazar la tecnología, Rocío propone reapropiarse de ella: explorar sus grietas, hackear sus lógicas, volverla un territorio fértil para el arte y la memoria.

 

12 de octubre: memoria y contramemoria

Este año, Rocío coordinará un taller de Descolonizadora, en torno al 12 de octubre, fecha en la que el gobierno nacional volvió a imponer la denominación de Día de la Raza.

“La palabra ‘raza’ fue una herramienta de dominación. No hay razas, hay pueblos, hay historias, hay memorias. Pero también hay heridas profundas que seguimos cargando”.

El taller será una invitación a pensar colectivamente qué significa descolonizar hoy, en un contexto donde resurgen los discursos negacionistas y las narrativas eurocéntricas. “No se trata solo de mirar al pasado —expresa Rocío—, sino de mirar hacia adentro. De reconocer cómo la herida colonial se sigue manifestando en nuestros cuerpos, en nuestras relaciones, en la manera en que valoramos o despreciamos ciertos saberes.”

La propuesta combina reflexión y creación. A través de imágenes, palabras y ejercicios de memoria, las y los participantes podrán explorar sus propias genealogías, reconectar con saberes ancestrales y poner en diálogo arte, espiritualidad y política.

“La memoria no está en los archivos —dice Rocío—, está en los cuerpos. Está en las voces que se transmiten, en los silencios, en los gestos, en lo que el lenguaje no puede decir. Descolonizar es también recordar con el cuerpo.”

Entre el arte y la espiritualidad

El arte, para Rocío, es una forma de reencuentro con lo sagrado, pero no desde una mirada religiosa, sino desde la experiencia sensible del vínculo con la vida.

“El arte tiene una potencia curativa, y cuando se hace en colectivo, esa potencia se multiplica. No es necesario llamarlo espiritualidad —puede ser simplemente presencia, escucha, gratitud. Lo importante es que nos permita volver a sentirnos parte de algo más grande.”

En ese sentido, Descolonizadora se mueve entre la creación artística y la pedagogía, entre la comunicación y el ritual. No busca enseñar una verdad, sino abrir un espacio para la pregunta. “No hay un único modo de descolonizar —dice—. Cada quien tiene su camino. Lo importante es animarse a mirar la herida, a reconocerla, a nombrarla”

 

Una fuerza que no se apaga

En la conversación con Pachamamita, Rocío insiste una y otra vez en la idea de fuerza: Descolonizadora como energía viva, como corriente que pasa por muchas. “A veces me dicen ‘vos sos la descolonizadora’, y no, no soy yo. Es una fuerza que está en muchas personas. En quienes están activando desde la educación, desde el arte, desde la salud, desde la crianza. En quienes crean, cuidan, acompañan.”

Esa fuerza, dice, no pertenece a nadie.

Circula. Se encarna. Se transforma.

“Por eso siempre digo que no trabajo sola. Aunque a veces se vea una sola cara, detrás hay una red enorme de personas que están haciendo lo mismo, cada una desde su lugar. Descolonizadora no me pertenece: es una fuerza colectiva que se manifiesta cuando nos encontramos.”

 

Escuchá la entrevista completa

La conversación completa con Rocío puede escucharse en Pachamamita, el próximo Viernes 10 de Octubre a las 16hs por Radio Eterogenia, https://eterogenia.com.ar/albums/pachamamita/ donde se comparten voces, territorios y resistencias de los ecofeminismos locales.

Porque descolonizar —como dice Rocío— no es solo mirar el pasado, sino aprender a habitar el presente con memoria, con cuerpo, con arte, con rabia y con ternura.

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